Me apetece que se pudra el mundo;
que no queden semillas de flores;
que se queme el hielo por dentro;
que el aire solo mueva polvo;
que tú y yo nos veamos solos,
nos reencontremos
y seamos los nuevos Adán y Eva,
esta vez sin manzanas,
sin serpientes
y sin dioses.
Tú y yo, bailando en la rabia
de no tenernos.
Fingiendo estar ilusionados.
Podridos por dentro.
Dando de comer sueños
enjaulados, quizás muertos.
¿Quien dijo que el tiempo cura?
Miente. Dolida me encuentro.
Aunque aunme quedan fuerzas
para bailar
en la rabia
de no tenernos.
Llamaste a la puerta
que un día quedó cerrada.
Dejaste impresos tus nudillos,
no pasó nada.
Gritaste sin sentido
la noche entera.
Pediste sin parar
que al fin abriera.
Pero pasó la hora
en que eras mi elegido.
Ahora solo dolor,
penas y quejidos.
Desnúdame,
déjame en carne viva,
deja atrás habladurías
y tiéntame.
Despídete,
bailaré con mis penas
y todas las lunas llenas
fundiré.
Destrózame hablando del pasado.
Mutila con palabras
aquello que una vez fue bonito.
Dedícate a barrer recuerdos
y a matar corazones a cañonazos.
Hundeme en los barros,
ahoga todo lo vivido.
Mírate al espejo cuando acabes,
y verás al hombre convertido
en la bestia que encerraba.
Quedo a solas. Es mi sino.
Es horrible encontrar
hasta en las letras mas bellas
el poso triste de la amargura
y tragarlo aunque no quiera.
Pues aun me siento culpable
por herir un cuerpo ajeno,
pero era comer del aire,
vivir un eterno sueño.
Ni tu alegria me llena
ni mi desgracia es tan grande.
El tiempo será quien cure
con oscuros minutos de nadie.
Tratas de devolver la ilusión
Intentas encender una chispa
y cenizas es todo lo que queda.
No fuerces a mi corazón.
Ya no siento ni tus caricias
y los besos quedaron amargos,
las miradas en letargo,
se acabaron las sonrisas.
No se puede revivir a un muerto
ni fingir que sigue vivo.
Es un final, solo eso.
El amor está en otro puerto
esperando a que el destino
atraque alli su velero.
Lloran mis lágrimas
porque nunca llegarán al mar.
No formarán parte de un todo
sino dueñas de una pena.
Ruedan por mis mejillas
y se permiten discutirme.
Y ya en el suelo siguen
su quejido, claman al cielo.
¿Creeis que lloro por nada?
Yo tampoco llegué
donde siempre quise estar.
Llorad, lágrimas, llorad.
Nunca podremos ver el mar.

